viernes, 23 de enero de 2015

Nunca jugaban con ella



Las otras niñas del barrio
 jugaban en la vereda;
las otras niñas del barrio
nunca jugaban con ella.
    (Romance de la niña negra, Luis Cané)

Entre los niños negros había una niña blanca. "Quédate aquí quietecita, en la orillita,  hasta que te pongas prieta" le dijeron.   La abuela la echó de menos al mediodía . Se fue a  a almorzar con la otra abuela, pensó.  A la hora del café volvió a extrañarla. La hora nona llegó sin su   parloteo incesante y  su interrogatorio inacabable. Ya el día se había vestido de naranja cuando la abuela, presa de un extraño desasosiego oteó el horizonte.  Sus ojos tropezaron con un bulto en la orilla de la playa. Curiosa caminó hasta allá.  Su grito despertó a la niña.... "abuela  ´¿ya me puse negra? ¿crees que jugaran conmigo? dijo antes de que su frágil cuerpo enrojecido y cubierto de quemaduras se deslizara,  desmayado, de sus brazos.

sábado, 30 de noviembre de 2013

          Restaban dos clientes  para su turno  cuando el sueño arreció su urgencia.  Desde las 2:00 AM estuvo esperando que abrieran el "shopping". Fue el primero en entrar.  Empujó, gritó, insultó pero connsiguió, claro que lo  consiguió, el televisor  LCD de 32 pulgadas con el 40% de descuento.   
        Ahora  el sueño se apoderaba  junto a un  calor intenso. "¿Porqué no prenden  el chavao aire acondicionado?,” preguntó  antes de desplomarse.  Los clientes que seguían en la fila evadieron el cuerpo. Y esperaron pacientemente su turno para pagar.

sábado, 22 de junio de 2013


 De:  Norma Segades Manías
        Poeta
        Argentina
      
ENTRE EL AIRE Y EL FUEGO.

Usted,
¿se ha dado cuenta que el olvido
es
algo más
que inaugurar la ausencia?
¿Que es una geografía sin vertientes
sobre la piel
sumisa
de la tierra
donde se hacina toda la sal de la tristeza,
donde crepitan lámparas amargas
por los cielos desnudos
y las grietas,
y estridulan su látigo los grillos
bajo la luz
herida
de cuatro lunas ciegas?
Un territorio hastiado de intemperies
donde vamos muriendo,
de a poquito,
sedientos de no verlo,
de no andar de su mano las mañanas,
de no escuchar su voz
cuando regresa,
donde creemos
casi un imposible
retornar al asombro de ser uno
porque ya no sabemos cómo hacerlo.
Donde nos faltan nombres
y palabras
y antiguos arenarios de promesas
y la savia especial de la ternura
y esa cierta vergüenza
al extender los sueños
y no hallarlo
desnudando el amor,
a la derecha...
Si alguna vez su sangre,
su esperanza,
pudo sobrevivir a esa miseria,
usted
se ha dado cuenta que,
el olvido
es,
algo más,
que inaugurar la ausencia.

NORMA SEGADES-MANIAS

domingo, 28 de abril de 2013

Distancia


Transgredió la distancia. 
Sintió el apenas perceptible rechazo de su cuerpo.
Lo demás fue el camino de regreso......

Hilda/2013
Imagen: Kingman

jueves, 23 de agosto de 2012


Voces  de la memoria, 
centenario en el bicentenario
Antología de poetas y narradores
latinoamericanos.
 

viernes, 3 de agosto de 2012

A veces


  

A veces
se me apoderan ganas

de unirme
a los  pájaros
 quese marchan de regreso.




martes, 19 de junio de 2012

Hombre de barro

            
Hombre de barro
       
         Al principio era la mujer. Estaba sola.  Poseía grandes riquezas.  Eran suyas las enormes montañas y los pequeños montes, los ríos  caudalosos, el  sol, la luna, las estrellas, los verdes y frondosos bosques.  El viento  era su amigo. Venía a jugar con su pelo cada mañana y cada tarde.  Tenía muchos animales. Curiosamente los tenía en grupos de dos de cada clase.  A eso le llamó "parejas".

      Dedicaba su vida a cantar.  Se acompañaba de flautas.  Flautas de piedra, de barro, de
bambúes, de troncos.  A veces le gustaba soñarse como flauta.  Acomodaba su boca y sus manos para tocarse, sacarse la música de adentro. 

      Tenía una recuerdo por detrás de sus ojos, en ese lugar donde  se acomodan las cosas que nombraba, donde podía verlas cuando ya no estaban; en la misma región donde estaba la luna por el día, donde el pájaro cantaba por la noche, allí en ese lugar en que podía seguir contando las estrellas después que se retiraban a descansar.     A ese lugar ella lo llamaba "memoria".  Era el recuerdo lejano y confuso de una criatura semejante a si misma pero distinta.  Cuando  recordaba a esta criatura  se sentía sola; el sol le parecía muy caliente, la luna muy fría, el agüita del arroyo no emocionaba su cuerpo.  

       Sabía construir cosas útiles con sus manos y el barro: vasijas para cargar agua hasta la cueva, ollas  para cocinar, prendas para adornarse, flautas para sacarle música, entre otras muchas.   Ella misma había soñado muchas veces con el momento en que unas manos la construyeron con arcilla.

       Pensó entonces que podría aliviar su soledad   construyendo la criatura  imaginada.   A esa criatura le llamaría "hombre".  Sería su pareja natural, como pareja tenían todos sus animales.  Viviría con ella para siempre.  Quien sabe si pasaba como con sus amigos animales, que empiezan dos y luego le van saliendo otros iguales. 

       Frente a sus  ojos vio una montaña de barro y  sin que se lo ordenara,  sus manos comenzaron a esculpir.  Trabajó afanosamente. Le  hizo un cuerpo suave y musculoso para apretarse contra él,  piernas para que la siguiera, brazos para que la abrazara. Se regodeó en los detalles: a cada lado le puso orejas con oído para que la oyera cantar, grandes ojos para que la viera, nariz para que la oliera, y la boca, si la boca  para que la besara.

       El trabajo fue duro y largo. Quedaba exhausta cada tarde.  Antes de retirarse a descansar en la noche abrazaba a su hombre de barro y soñaba.  Soñaba que era poeta y le escribía versos.  

       El día que terminó de moldearlo el cielo adquirió un color muy nuevo.  Hubo ruidos intensos y luces  que lo atravesaron a alta velocidad.  Son relámpagos, pensó, nombrándolos con naturalidad.  Uno de ellos azotó la ceiba frente a su cueva.  La dejó mustia y quemada.  El agua empezó a caer del cielo. Era la primera vez que eso pasaba. "Llueve" se dijo. mientras dejaba que el agua bajara por su rostro y por su cuerpo desnudo.

     Todavía llovía  cuando  se retiró a dormir.

      Despertó llena de  alegría, con una sensación de  renovación.   Pensó emocionada en su hombre ya listo para el fuego.    Se estiró mientras caminaba a su encuentro.  Sintió agua bajo sus pies. Pensó que el río había venido a visitarla.  Chapoteo con alegría.  Buscó con la mirada a su hombre.     Miró, miró, buscó y buscó. Justo en el lugar donde lo dejó antes de retirararse a dormir había un charco de barro rojo.

        Tardo un rato en comprender los sucedido: el agua que cayó del cielo disolvió su hombre,  lo regresó a la tierra. Era otra vez barro, sólo arcilla . 

          Pensó mucho en lo sucedido ¿porque cayó agua del cielo?,¿se subió el  arroyo a una nube? ¿Usó la gran montaña como escalera para llegar a ella? ¿Porque le disolvió su hombre?
       Se sintió más sola que nunca, como si hubiera perdido un pedazo de si misma.

          Pensando, pensado terminó por decirse " tengo todo el tiempo del mundo para volver a empezar ".  Ni corta ni perezosa  comenzó la reconstrucción, con el mismo barro.  Esta vez tuvo la precaución de construirlo dentro de  la cueva.  Y de tener listo el fuego, por si acaso.

hilda/julio/2009

jueves, 8 de marzo de 2012

De Mujeres II

s
Se  despojó  de todos sus  vestidos.
Desnuda, en  carne viva, comprendió  la  inutilidad
de los abrazos. 

lunes, 26 de diciembre de 2011

Blanca Navidad

La alcaldesa esperó ansiosa en el balcón a que apareciera el avión.  Fue toda una proeza conseguir  fondos federales para importar nieve fresca  y forrar con ella las calles de San Juan.   Le apenaba ver que los niños puertorriqueños carecieran de una  blanca navidad.  Pensaba en lo maravilloso que sería si  esos mismos niños se parecieran, aunque fuera un poco, a sus hermosos pares norteamericanos.
      El avión con la nieve llegó a al fin. El mismo avión la dispersó por las calles de San Juan.  Para cuado tocaba tierra ya era agua, pura agua que enfangó malamente las polvorientas calles.  Los niños jugaron en el barro y se embarraron a más no poder. La alcaldesa, con el abrigo que no llegó a ponerse doblado entre sus brazos, miraba apenada desde su balcón como esos niños se parecían cada vez menos a los blanquitos niños norteamericanos. A lo lejos, el Santa trataba, infructuosamente, de desatascar su trineo.

martes, 25 de octubre de 2011

Danzantes de la angustia


 
En el aquelarre de la angustia
danzan por igual

los machos cabríos
la bruja mala del sur
las sirenas confundidas
de Odiseo
las tres des-agraciadas
gracias

los besos mal besados

Observan deshabitados
los ojos deshojados
del recuerdo.
 
Hilda
2010
 

Las Meninas según Hilda

Hilda en las meninas

Mirando al cielo

amarilla de espaldas

Rosas de mamà

rosas de mama