martes, 19 de junio de 2012

Hombre de barro

            
Hombre de barro
       
         Al principio era la mujer. Estaba sola.  Poseía grandes riquezas.  Eran suyas las enormes montañas y los pequeños montes, los ríos  caudalosos, el  sol, la luna, las estrellas, los verdes y frondosos bosques.  El viento  era su amigo. Venía a jugar con su pelo cada mañana y cada tarde.  Tenía muchos animales. Curiosamente los tenía en grupos de dos de cada clase.  A eso le llamó "parejas".

      Dedicaba su vida a cantar.  Se acompañaba de flautas.  Flautas de piedra, de barro, de
bambúes, de troncos.  A veces le gustaba soñarse como flauta.  Acomodaba su boca y sus manos para tocarse, sacarse la música de adentro. 

      Tenía una recuerdo por detrás de sus ojos, en ese lugar donde  se acomodan las cosas que nombraba, donde podía verlas cuando ya no estaban; en la misma región donde estaba la luna por el día, donde el pájaro cantaba por la noche, allí en ese lugar en que podía seguir contando las estrellas después que se retiraban a descansar.     A ese lugar ella lo llamaba "memoria".  Era el recuerdo lejano y confuso de una criatura semejante a si misma pero distinta.  Cuando  recordaba a esta criatura  se sentía sola; el sol le parecía muy caliente, la luna muy fría, el agüita del arroyo no emocionaba su cuerpo.  

       Sabía construir cosas útiles con sus manos y el barro: vasijas para cargar agua hasta la cueva, ollas  para cocinar, prendas para adornarse, flautas para sacarle música, entre otras muchas.   Ella misma había soñado muchas veces con el momento en que unas manos la construyeron con arcilla.

       Pensó entonces que podría aliviar su soledad   construyendo la criatura  imaginada.   A esa criatura le llamaría "hombre".  Sería su pareja natural, como pareja tenían todos sus animales.  Viviría con ella para siempre.  Quien sabe si pasaba como con sus amigos animales, que empiezan dos y luego le van saliendo otros iguales. 

       Frente a sus  ojos vio una montaña de barro y  sin que se lo ordenara,  sus manos comenzaron a esculpir.  Trabajó afanosamente. Le  hizo un cuerpo suave y musculoso para apretarse contra él,  piernas para que la siguiera, brazos para que la abrazara. Se regodeó en los detalles: a cada lado le puso orejas con oído para que la oyera cantar, grandes ojos para que la viera, nariz para que la oliera, y la boca, si la boca  para que la besara.

       El trabajo fue duro y largo. Quedaba exhausta cada tarde.  Antes de retirarse a descansar en la noche abrazaba a su hombre de barro y soñaba.  Soñaba que era poeta y le escribía versos.  

       El día que terminó de moldearlo el cielo adquirió un color muy nuevo.  Hubo ruidos intensos y luces  que lo atravesaron a alta velocidad.  Son relámpagos, pensó, nombrándolos con naturalidad.  Uno de ellos azotó la ceiba frente a su cueva.  La dejó mustia y quemada.  El agua empezó a caer del cielo. Era la primera vez que eso pasaba. "Llueve" se dijo. mientras dejaba que el agua bajara por su rostro y por su cuerpo desnudo.

     Todavía llovía  cuando  se retiró a dormir.

      Despertó llena de  alegría, con una sensación de  renovación.   Pensó emocionada en su hombre ya listo para el fuego.    Se estiró mientras caminaba a su encuentro.  Sintió agua bajo sus pies. Pensó que el río había venido a visitarla.  Chapoteo con alegría.  Buscó con la mirada a su hombre.     Miró, miró, buscó y buscó. Justo en el lugar donde lo dejó antes de retirararse a dormir había un charco de barro rojo.

        Tardo un rato en comprender los sucedido: el agua que cayó del cielo disolvió su hombre,  lo regresó a la tierra. Era otra vez barro, sólo arcilla . 

          Pensó mucho en lo sucedido ¿porque cayó agua del cielo?,¿se subió el  arroyo a una nube? ¿Usó la gran montaña como escalera para llegar a ella? ¿Porque le disolvió su hombre?
       Se sintió más sola que nunca, como si hubiera perdido un pedazo de si misma.

          Pensando, pensado terminó por decirse " tengo todo el tiempo del mundo para volver a empezar ".  Ni corta ni perezosa  comenzó la reconstrucción, con el mismo barro.  Esta vez tuvo la precaución de construirlo dentro de  la cueva.  Y de tener listo el fuego, por si acaso.

hilda/julio/2009

Las Meninas según Hilda

Hilda en las meninas

Mirando al cielo

amarilla de espaldas

Rosas de mamà

rosas de mama