lunes, 13 de diciembre de 2010

Acá, entre majas

Acá, entre majas

       Entró  apenas abrieron  la galería. A esa hora existían pocas posibilidades  de encontrarlo.   No deseaba verlo, pero el catálogo del Museo anunciaba que la exposición   incluiría esta vez  la que el pintor consideraba su obra más preciada: la "Maja azul". "El sueño de una vida plasmado en el lienzo", añadía.  La  curiosidad  junto a un sentimiento de íntima satisfacción terminaron irremediablemente por convencerla y allí estaba.
      
       Con el anuncio en el catalogo llegaron los recuerdos.   Primero, España, el Museo del Prado, la maja desnuda de Goya.  El éxtasis, la fascinación frente a la pintura, la agradable sensación de su barba sobre su nuca..."se parece a ti" ..."te pintaré desnuda".

        Trató durante mucho tiempo.  No resultó buena posando.  No lograba quedarse quieta.   Entonces se le ocurrió  usar una fotografía.   Las largas sesiones en casi toda posición imaginable resultaron en cientos de  fotos.  Luego los bocetos, uno tras otro....descartados.   Ninguno suficientemente bueno.  

        Una brisa leve roza su pelo.  Está parada bajo el aire acondicionado.  Esa brisa la carga suavemente hasta Nueva York.  El museo Metropolitano de Arte Moderno. Allí   "El nacimiento de Venus",  la maja de Cavalier. Una imagen perfecta: la  mujer que descansa plácidamente sobre el mar azul;  el pelo flameante, la tez blanca, el brazo cubriendo los ojos.  Recuerda que la abrazó con la misma pasión que años antes frente a la pintura de Goya.  "Es como si hubieras sido su modelo..." dijo suavemente en su nuca.  Con la pintura  grabada en sus ojos como una visión regresó obsesivamente a la idea del retrato.  Nuevas sesiones de fotografía, nuevos bocetos, largos días de entrega angustiosa a una pintura que parecía no estar destinada a su pincel.

       Ahora le llega también el recuerdo de la ruptura.  El dolor de perderlo, la desesperación, la propia obsesión por su regreso.  Toda una vida de amor terminada en una noche, un adiós sin esperanzas. 

             Depuso sus recuerdos.  Se desplazó despacio hacía la sala de exposición.   Miró atentamente hacía todos lados.   Las otras pinturas salieron a su paso.  Disfrutó cada una.  Quería llegar con naturalidad hasta la Maja.  Eso le ayudaba a contener o al menos disimular su emoción.

      Al fin. Allí estaba.  Indescriptible.  La mujer desnuda flotaba sobre un lecho azul lleno de  elementos tomados de Goya, Cavalier, Giovanni,  perfectamente armonizados con ese su modo tan personal de representar la imagen.  Lleno de detalles, como un poema.  La  cabeza ligeramente arqueada y girada hacia la izquierda, la larga cabellera negra  como bandera, la piel trigueña, los pequeños senos, las caderas estrechas, los ojos pequeños  de párpados hinchados en un rostro de boca carnosa.  
      
         Se estremeció.  El cristal del cuadro le devolvió su propio reflejo.  Cutis  blanco,  pelo rojo,  ojos grandes, labios delgados,  amplio pecho.  Una dolorosa sensación de haber sido nuevamente traicionada se apoderó de ella. 

          Se hubiera entregado al llanto  pero otro recuerdo se sobrepuso a los anteriores y la  regresó a  la segunda vez que vió la "Maja desnuda".    Esta vez en el Louvre de París, la exposición itinerante de Goya.  Su compañero de entonces, fotógrafo profesional, un verdadero artista del lente,  abrazándola  emocionado por la espalda, le susurró, muy bajo, en la oreja: "se parece a ti..... te fotografiaré desnuda...."

          Nunca comprendió su rotunda negativa.

          Sonrió.  Celebró junto a otros espectadores la belleza del cuadro.  Se alejó pensando  que entre hombres y mujeres no hay verdadera intimidad,  que  para los hombres toda mujer desnuda es una maja.  Y todas creemos de verdad ser para ellos, la maja desnuda.


Hilda/ junio 2007.

Las Meninas según Hilda

Hilda en las meninas

Mirando al cielo

amarilla de espaldas

Rosas de mamà

rosas de mama