sábado, 12 de junio de 2010

La cuarta visita

                                                               Yo quisiera ser llorando
                                                               el hortelano
                                                               de la tierra que hoy pisas
                                                               y estercolas
                                                               compañero del alma
                                                               tan temprano..
                                                                                        Miguel Hernández
 
1.
Anoche soñé con Adal.  Reviví el momento en que el viejo muro de ladrillo se derrumbó sobre él. También soñé con los otros, su madre y sus hermanos, quienes azorados, desesperados e  incrédulos quedaron paraditos al  otro lado del muro, justo en el lado de la vida.  De ese lado los dejó Adal, con  sus barrigas  y  rodillas prominentes, con su a-penas vida a penas de muerte.  También  me dejó a mí. 

         A los siete años, triste  y enojada, lamenté por igual la partida del amigo y la pérdida del muro de nuestros juegos.  Esa fue la primera vez, según recuerdo,  que la muerte me dejó en éste, el lado de la vida. 
              
2. Una tarde, luego de varios meses de ausencia, regresé al barrio de mi niñez.  Allí reencontré a la más querida amiga.  Sentada en la misma roca en que nos sentábamos de niñas, me dijo en voz baja y triste "ya no quiero vivir".  A los catorce años, con su vientre recrecido y las rodillas escondidas en la evidente hinchazón de sus piernas, mi amiga, la entrañable, la extrañada,  me anunciaba la falta de sentido de su vida. 

         En broma, por incrédula,  le aconsejé  disponer  de sí  con el mismo veneno con el que nuestros padres se deshacen de los ratones.  Le dije que lo bebiera con leche para que no le supiera tan amargo. "Bueno mejor con agua", corregí, recordando que la leche era un lujo en su vida, y cuando la había era sólo para quitarle lo puya al ralo café de sus mañanas.  Mi broma la devolvió con  llanto.  Un llanto suave, sin sollozos, calladito.  Comprendí que hablaba en serio.   Arrepentida la abracé.  Le dije cuánto la amaba ....  

         La mañana siguiente me despertó mi tío.  Con voz entrecortada por la emoción dijo: "Sol --la de los rayos de luz en el nombre--  se suicidó.  Tomó veneno para ratas con un vaso de agua.".  Cuenta su hermana   que comenzó a retorcerse de dolor y a vomitar sangre. Llegó viva al hospitalillo del barrio.  Allí la recibió una enfermera desvelada  que se ocupó  de hacer con ella  el inventario de lo inexistente. No tenían con qué salvarle la vida, sólo una  ambulancia  vieja y trotona  en la que la trasladaron al Hospital de Distrito, luego de localizar, borracho, al  conductor, “Pobrecita”, añadió mi tío, “nadie sabe quién es el papá de su bebé”.  Lloré amargamente, por amor, por remordimiento.  Ésta fue la segunda vez que la muerte me dejó, confundida,  del mismo lado de la vida.
       Sol me visitó cada noche durante muchos años.   Jugábamos a que estaba viva o a que estaba muerta. Era un sueño tan real que muchas veces  lo soñé despierta.

       3. Una tarde me quedé a solas con Gloria.  Me pidió que me acostara a su lado y la abrazara.  A  la amiga robusta, alegre, decidida y coqueta la esperaba  la muerte tal como dice  Miguel Hernández --enamorada-- y se comportaba la vida, también a lo Miguel Hernández --desatenta.  Una lenta y dolorosa enfermedad se apoderó de su  cuerpo  al que  le tomó todo menos los huesos y el pellejo.  Le dejó  intacta la hermosura de su rostro junto a las ganas de amar y ser amada.  También la lucídez para verse morir.
         Cuidar de  Gloria me enseñó la gloria de cuidar.  Para ella  inventé inversosímiles cuentos  mientras  masajeaba  sus pies con olorosas cremas cuyo olor cosquillea  mi  nariz cada vez que pienso en ella.      
       Esa tarde a la que aludo me acosté a su lado y, abrazándola  le susurré  al oído ¿volverás de la muerte si es posible?  ¿me contarás si Dios existe? ¿me dirás cómo se siente estar muerta?  Asintió con mirada cómplice e hicimos un pacto de amigas a punto de perderse.  Junto a Gloria, con toda su vida en ella, pude llorar su muerte.
         
           La tarde en que le permitieron morir  estuve ocupada salvando mi propia vida.   En  el momento exacto en que apagaron el respirador que durante más de un año permitió a los médicos  declararla viva,  trataba yo de sobrevivir a  un propio e intenso dolor.  No estuve allí para verla ir.....  y me quedé, muy sola, de cuerpo presente, otra vez justo al otro lado de la muerte.
        
***
          Gloria se fue tranquila.  No ha vuelto.   No sé si es  porque la muerte  es absoluta y eterna o si se retrasa  para disfrutar de mi impaciencia.   Pero, cabe decir y esto es muy cierto, que desde hace un tiempo me visita una mujer desconocida cuyo rostro no alcanzo a ver,  que se hace visible por momentos y se mueve con sigilo. Se ocupa de encender y apagar, de abrir y de cerrar.  Y no molesta.
   
          Todo esto lo cuento para que vean que son cuatro las veces en que la muerte me dejó de este lado, el mismo lado de la vida.

Hilda/2006

De Josemanuel Maldonado: A Miguel Hernández



"No sabéis lo que es un hombre,
sangrando y roto, en un cepo."
Marcos Ana.

Recién nací cuando morías

cuánta sangre derramada
cuantas lágrimas perdidas
que no abonaron la tierra

tanto puñal desgajado
entre los árboles azules

cuántas galeras del alma
a punta de crucifijo

tanta mar y tanta tierra de por medio
contra el vínculo del beso
y la ondeante plenitud del abrazo

hora es de que cante el gallo
al embrollo mugriento
de la nueva camisa vieja
a fuerza de amordazar los sueños
y sepultarlos en el olvido.

Ni sol, ni águila ni corona
somos del Pueblo Viento
pueblo andariego en camino

nube blanca y peregrina
pan y cebolla del ancho campo
comisario de artesana identidad
y desmentir libertario

aún brama el céfiro
en los cañones de la cordillera
donde acecha la tiniebla

que se cubra de verdad la mirada.

Por el juez Garzón
Mayo 2010. 
En Aguadilla de Puerto Rico.

Las Meninas según Hilda

Hilda en las meninas

Mirando al cielo

amarilla de espaldas

Rosas de mamà

rosas de mama