Lo hizo. Cerró los ojos, agitó los brazos . Sintió como su cuerpo se aflojaba en una dulce sensación de libertad. Se impulso con los pies y se lanzó confiado al vacío.Ahora la mujer esa del sueño le pasea por el parque todas las tardes. Empuja contenta el sillón de ruedas mientras le señala los caprichosos diseños de las nubes.
Hilda/agosto/2009










1 comentarios:
Buen minirelato, Hilda, tan sensible.Un abrazo desde mi ciudad marina, Mar del Plata,
Silvia Loustau
syllous@yahoo.com.ar
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