sábado, 13 de diciembre de 2008

LETANÍA
Benditas las mujeres que protegen el fruto de su vientre
asumiendo la parábola de su belleza bajo un delantal,
aquellas que lavan su rostro con el manto de la rutina
y aprenden a alzar la voz , aunque sólo se tenga la voz.
Benditas las mujeres que arrastran la cruz de impuras
regando su futuro con lágrimas de ausencias
que encuentran purificación en el agua de cualquier río
y tejen amores dispersos en el manar del tiempo.
Benditas las mujeres que se enamoran,
las hechiceras de la noche,
las que comparten el fuego de las bodas del cuerpo
en la consagración de la piel.
Benditas las que gritan lo que el corazón profesa
las que escuchan y las que imponen su palabra
también las que callan su verdadera pasión
sobreviviendo como agua estancada y triste.
Benditas las que enfrentan el nido vacío
reviviendo cada noche el éxodo desde su origen.
Benditas las que son tormenta, río sin cauce,
a las que llaman locas, revoltosas,
liberadas, feministas,
y son capaces de atropellar al viento con una mirada
Benditas las hembras con fracturas y fragmentos
Benditas Nosotras. Matriz del universo.

2007


Con peores dragones he lidiado
y ahora se venden como alfombras.

www.linazeron.com


martes, 9 de diciembre de 2008

Historias de Penélope: microcuentos


Historias de Penélope III.

       Llegó  disfrazado de Ulises.  Allí estaba  Penélope esperándolo.  Al verlo llegar así tan fresquecito, luego de tan larga espera, lo mató a golpes con un exótico jarrón propiedad de los anfitriones.

       Los amigos e invitados tratan de explicarse todavía el desenlace. Por su parte los anfitriones lloran desconsolados por el jarrón.



II. Alas de sirenaSegún la mitología griega las sirenas son criaturas con alas de pájaro y cuerpo de mujer.
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Al despertarme una mañana me descubrí las alas.
No eran de ángel. Eran de sirena. Una sirena confundida que no cantaba. Una sirena que tejía, que se creía Penélope y esperaba.



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I. Teje mientras espera

Colocó la canasta sobre la arena. Recogió las alas, se sentó con dificultad sobre la roca. Acomodó la cola brillante. Tomó el largo pelo entre sus manos. Lo trenzó ceremoniosamente.
Atisbó atenta el horizonte. El sol, que apenas se levantaba de su larga noche de descanso, deslumbró sus ojos. A la vista sólo maderos de naufragios.
Recogió la canasta del suelo, ganchillo en mano, comenzó a tejer. Teje que teje pensaba en lo que no entendía: ¿porqué su garganta pedía un canto?,¿porqué tenía en su memoria la imagen de náufragos desesperados? Y pensó en Ulises, que no llegaba. Y ella esperaba, esperaba.

Hilda/ mayo/2008.

Las Meninas según Hilda

Hilda en las meninas

Mirando al cielo

amarilla de espaldas

Rosas de mamà

rosas de mama