martes, 25 de diciembre de 2007

Salmo para Ariel 

No temeré mal alguno porque tu estarás conmigo.
Salmo 23.

Eres tu, el fruto de mi vientre.
La mano generosa
que me quita el miedo.
Mi vientre te dió la vida.
Tu amor me salva de la muerte.

Tu voz tan dulce, dulce
se arremolina en mi oído.
No tiras tus palabras al vacío,
tus palabras tienen cuerpo
tienen calor, dan cobijo .

Quieres que te escuche
cuando dices
que el amor tiene sentido,
que es útil y habita nuestra casa,
que el amor no se ha perdido.

Para probarme que el amor existe
unges mi cabeza con el aceite
que se desprende
de tu mirada clara
la misma que ilumina mis tinieblas
y  que me invita a caminar
mientras me ampara.

Tus manos desenredan
para mi la madeja del dolor,
Destejen afanados todo miedo.
Me invitas a tejerme
una vida diferente
con el mismo estambre
y con el mismo celo

Tu abrazo mío de cada día
me lo das hoy como el pan nuestro .
Fuerte, amurallado,
dejas  afuera el dolor y
la angustia de mis sueños

Tu sonrisa, camino de luz,
alumbra el camino de mi pena
atestigua el más grande amor
que irrumpe terremoto de la tierra
que colocas en mi manos y en mi pecho
cuando dices “amor” y piensas madre,
cuando piensas madre y dices tierra.

Hilda/08/2007

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